La más reciente encuesta nacional de Ipsos, difundida por el programa Cuarto Poder, confirma un escenario de alta fragmentación y escasa consolidación de liderazgos en la carrera hacia las elecciones presidenciales de abril de 2026.
Ningún candidato logra superar el dígito en intención de voto, lo que refleja un electorado indeciso, desconfiado y aún sin una figura que canalice mayoritariamente sus expectativas.
Según el estudio, Rafael López Aliaga registra una caída de un punto porcentual, ubicándose en 8%, mientras que Keiko Fujimori y Mario Vizcarra empatan con 7%. Más abajo, Carlos Álvarez se mantiene con 4%, seguido de un pelotón de aspirantes que no supera el 2%. Este resultado confirma una tendencia de estancamiento en las preferencias y una competencia abierta, sin un liderazgo claro a cinco meses de los comicios.


Fragmentación y voto volátil
El dato más revelador es que ningún candidato alcanza el 10%, lo que evidencia una dispersión inédita en la intención de voto. Esta situación podría explicarse por varios factores: el desgaste de las figuras tradicionales, la desconfianza hacia los partidos políticos, y la falta de propuestas concretas que conecten con las prioridades ciudadanas. Además, el alto porcentaje de indecisos, votos blancos y nulos que en otras mediciones recientes ha superado el 40% sugiere que una parte significativa del electorado aún no encuentra una opción que lo represente.
En este contexto, el descenso de López Aliaga, quien lideraba las encuestas anteriores con 9% o 10%, podría reflejar el límite de su base electoral o el impacto de su gestión como exalcalde de Lima.
Por su parte, el ascenso de Mario Vizcarra, hermano del expresidente inhabilitado Martín Vizcarra, indica que su figura comienza a captar atención, posiblemente por su discurso de renovación o por el recuerdo de la gestión de su hermano. Keiko Fujimori, en tanto, mantiene una base estable, aunque sin capacidad de crecimiento visible, lo que podría marcar el techo de su respaldo tras tres postulaciones consecutivas.
Carlos Álvarez y el pelotón de fondo
La presencia de Carlos Álvarez con 4% confirma que el humor político y la crítica desde fuera del sistema siguen teniendo eco, aunque sin traducirse aún en una candidatura competitiva.
El resto de aspirantes entre ellos exministros, congresistas y figuras regionales no logra despegar del 2%, lo que podría cambiar si alguno logra posicionarse con una narrativa clara o si se produce una alianza estratégica en los próximos meses.
Implicancias para la campaña
Este escenario plantea enormes desafíos para los partidos y candidatos.
La falta de un liderazgo dominante abre la posibilidad de que el pase a segunda vuelta se defina por márgenes muy estrechos, lo que obliga a cada postulante a consolidar su núcleo duro y, al mismo tiempo, ampliar su alcance hacia sectores indecisos o descontentos.
La campaña deberá enfocarse en propuestas concretas, capacidad de gestión y conexión emocional con el electorado, especialmente en un contexto de crisis institucional, inseguridad y demandas sociales insatisfechas.
Además, el papel de los medios, las redes sociales y los debates será crucial para que los ciudadanos puedan contrastar perfiles, planes de gobierno y trayectorias.
La volatilidad del voto también implica que cualquier error o acierto puede tener un impacto significativo en las próximas mediciones.
La encuesta de Ipsos confirma que el proceso electoral 2026 se perfila como uno de los más impredecibles de las últimas décadas.
Con un electorado fragmentado, sin favoritos claros y con una alta proporción de indecisos, el desenlace dependerá de la capacidad de los candidatos para construir confianza, diferenciarse con propuestas viables y movilizar a un electorado cada vez más exigente y escéptico.

