En un acto oficial que debía centrarse en la presentación del nuevo comandante general de la Policía Nacional, Dina Boluarte desvió el foco hacia los jóvenes que se movilizan contra su gestión.
En lugar de abrir canales de diálogo, la presidenta optó por deslegitimar las marchas de la Generación Z, calificándolas como influenciadas por “gente que no trabaja” y tildando a los manifestantes de “resentidos”.
Durante su discurso, Boluarte afirmó que estos jóvenes están siendo manipulados por sectores que “odian la patria” y que, si siguen ese camino, terminarán como “ninis”: personas que ni estudian ni trabajan.
La mandataria insistió en que las protestas son dirigidas por quienes “vivían cómodamente del Estado sin haber ganado nunca una elección democrática”.
Más allá de las descalificaciones, Boluarte desconoció el derecho constitucional a la protesta pacífica, protegido por el artículo 2 de la Constitución peruana y por tratados internacionales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos. En lugar de reconocer la legitimidad del reclamo ciudadano, pidió a los jóvenes que no den “mal ejemplo” y que se capaciten a través de plataformas estatales.
La presidenta también reiteró que no renunciará, pese a las crecientes manifestaciones que exigen su salida y el cierre del Congreso. “No voy a renunciar porque algunas voces, que están acostumbradas a vivir en la anarquía, en el desorden y en la violencia, lo pidan”, declaró, reafirmando su postura de mantenerse en el cargo.
Aunque Boluarte asegura que su gobierno “trabaja con puertas abiertas”, lleva meses sin responder preguntas de la prensa.
Su narrativa, centrada en la estigmatización de la protesta.

