Alrededor de 15 mil estudiantes asisten a colegios con condiciones de vulnerabilidad en infraestructura.
A pocos días del inicio del año escolar y en medio de lluvias de fuerte intensidad registradas en las últimas semanas, crece la preocupación sobre el estado de la infraestructura educativa en la región.
De acuerdo con el Ministerio de Educación (Minedu), nuestra región cuenta con 771 colegios públicos, de los cuales 207 presentan condiciones de infraestructura que los ubican en situación de riesgo de colapso, a diciembre de 2025. Es decir, más de una cuarta parte de los colegios de la región requieren ser demolidos en su totalidad.
En estos locales estudian alrededor de 15,345 alumnos, quienes podrían verse afectados por las condiciones de estas instalaciones. Esta situación evidencia la importancia de fortalecer las inversiones para garantizar espacios seguros para el aprendizaje.
“Las lluvias intensas que se vienen registrando en Ica representan un desafío para la infraestructura educativa de la región. Cuando más de 200 locales escolares presentan condiciones de infraestructura que los ubican en situación de riesgo, existe la posibilidad de que las precipitaciones agraven estas vulnerabilidades y generen afectaciones en los colegios.
Por ello, es fundamental fortalecer la inversión en infraestructura educativa segura y resiliente, así como en mantenimiento preventivo, ya que anticiparse a estos escenarios permite evitar mayores costos en reparaciones o reconstrucción tras eventos climáticos”, señaló Franco Saito, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
La vulnerabilidad de la infraestructura educativa ya se ha evidenciado en temporadas de lluvias anteriores.
En distintos puntos de la región se han registrado afectaciones en colegios debido a inundaciones o huaicos. Por ejemplo, en 2023 la infraestructura de la institución educativa N.º 22430, en Palpa, sufrió daños tras el ingreso de agua a las aulas; mientras que ese mismo año colegios como la I.E. inicial N.º 442 de Chamorro, en Chincha, y la I.E. José Manuel Meza, en Nasca, también enfrentaron dificultades para iniciar clases debido a los impactos de las lluvias. Estas situaciones reflejan la necesidad de fortalecer el mantenimiento y la inversión en infraestructura educativa frente a eventos climáticos.

Según el Banco Mundial, contar con una infraestructura educativa adecuada no solo implica tener aulas en buen estado, sino también asegurar que los colegios estén preparados para enfrentar fenómenos naturales cada vez más frecuentes e intensos.
La planificación, el mantenimiento periódico y la inversión en infraestructura segura permiten reducir riesgos para estudiantes y docentes, evitar interrupciones en el año escolar y garantizar espacios adecuados para el aprendizaje. En ese sentido, fortalecer la infraestructura educativa debe entenderse como una medida para proteger el proceso educativo y asegurar la continuidad de las clases incluso frente a eventos climáticos adversos.
En ese contexto, una infraestructura escolar adecuada también tiene impactos directos en el aprendizaje y el bienestar de los estudiantes. Espacios seguros y en buen estado favorecen la concentración, reducen el ausentismo y permiten que las clases se desarrollen con normalidad.
Además, cuando los colegios cuentan con instalaciones apropiadas y mantenimiento oportuno, se reducen los riesgos ante emergencias y se contribuye a que los estudiantes puedan desarrollar su proceso educativo en condiciones más estables y seguras.
“Las afectaciones registradas en algunos colegios de la región durante temporadas de lluvias muestran cómo las debilidades en la infraestructura educativa pueden traducirse rápidamente en interrupciones del servicio educativo. Cuando se suspenden clases o se deben reubicar estudiantes por daños en los locales escolares, no sólo se generan costos adicionales para el Estado en reparaciones o atención de emergencias, sino que también se afecta el proceso de aprendizaje.
Desde una perspectiva económica, esto tiene implicancias en el capital humano, ya que cada día perdido de clases puede impactar en el rendimiento educativo y en la productividad futura de los estudiantes. Por ello, resulta indispensable priorizar la inversión preventiva, el mantenimiento oportuno y la planificación territorial, entendiendo que fortalecer la infraestructura educativa también es una forma de reducir riesgos y evitar mayores pérdidas en el futuro”, señaló.

